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Para qué trabajas: tu actitud sí cuenta

El primer mes de mi Proyecto Felicidad 2012 está dedicado al trabajo. Quiero aumentar mi felicidad en este ámbito, contagiarla a la gente que me rodea y asegurarme de que por lo menos en mi entorno no se instaure el mal rollo por el descontento perpetuo. Si pasas 8 de tus 24 horas diarias en el trabajo, más vale que las disfrutes.

Vivir para trabajar o trabajar para vivir

Es curioso cuanta gente se queja de su trabajo. Da la impresión de que está mal visto ser feliz. Los que trabajan en la oficina se quejan del jefe, de la inflexibilidad del horario, de los colegas, de los clientes y del tráfico. Los que trabajan como autónomos se quejan de los clientes, de la presión, de los impuestos, y se excusan ante cualquier fiesta por tener que trabajar. Ambos grupos definen su personalidad, su felicidad y su día a día en relación a su trabajo. Y si te gusta tu trabajo entonces eres un bicho raro.

No niego que el trabajo puede generar mucho estrés. Cualquier actividad a la que dediques la mayor parte de tu día a día tiene este potencial. Por eso mismo es tan importante mantener una actitud positiva en relación a tu actividad y para encontrar las pequeñas oportunidades en las que tu puedes marcar una diferencia… aunque sea para ti misma.
Lo importante no es el trabajo, lo importante eres tú

Algunos lectores me han preguntado qué hacer si no les gusta su trabajo o si trabajan en un lugar al que no quieren apoyar por cuestiones de ética o sostenibilidad. ¿Cómo puede gustarme mi trabajo si la empresa participa en la explotación del medio ambiente? ¿Cómo puedo seguir trabajando en una empresa de moda después de participar en el Proyecto 333? La tentación de dejarlo todo y hacer algo diferente está siempre presente. Ahora, ¿de dónde sacar la idea de ese “algo diferente”?

No olvides: lo importante no es el puesto de trabajo que ocupas ni la empresa en la que trabajas. Lo importante eres tú. Quizás esta idea te parezca demasiado pragmática. Es mucho más romántico dejarlo todo atrás y encaminarte a salvar el mundo. Pero el mundo no se salva con grandes gestos, sino con pequeñas contribuciones. ¡Sé tú un ejemplo! Contagia a las personas de tu alrededor de tu buen humor, muéstrales que vivir una vida feliz y plena es posible y que está al alcance de todos. Y poco a poco cambiarás el entorno que te rodea.

Los pequeños cambios con grandes impactos

Es probable que tu poder como consumidor sea más grande que el impacto que tienes dentro de tu empresa. ¿Qué cambiaría si hoy dejas tu trabajo para hacer otra cosa? Contratarán a otra persona para que haga tu trabajo. La alternativa es que tú empieces a cambiar la cultura de la empresa desde dentro. Informa a RRHH sobre las cestas de navidad de comercio justo. Habla con la secretaria sobre la opción de comprar papel con sello de FSC. Promueve la idea de que los viajes se sustituyan por videoconferencias. Y cada vez que tengas una idea de cómo hacer la empresa más verde, compártelo con los demás . No cambiarás lo que hace la empresa, pero sí que cambiarás lo que hacen los que te rodean.

Y después asegúrate de que inviertes el salario que te paga esta empresa en cosas que realmente valgan la pena. Nunca te olvides de que el consumidor es el que cambiará el mundo. ¡Sé ejemplo de esto también!

¿Qué piensas de la idea de disfrutar de un trabajo, aunque no sea el trabajo de tus sueños?


Imagen: dsk 135 / flickr

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