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No puedo, o la cuestión incómoda de tus prioridades

[VDO] no puedo

No puedo, porque tengo que trabajar / hacer la compra / recoger la casa / [otra actividad]. Esta frase parece tan inocua. Está socialmente acepta y te permite salvaguardar tu tiempo de las exigencias de los demás. Al mismo tiempo esta frase te enseña de que no eres capaz de hacer lo que te gustaría hacer.

Es una frase excusa que enseña a ser la víctima. Te ayuda a olvidar de que la verdadera responsable de tu tiempo eres tu, y nadie más. “No puedo” suena a incompetencia y falta de opciones, “tengo que” a dependencia y obligación. ¿Realmente es esto lo que quieres reforzar en ti misma?

Cuando tu cerebro te toma en serio

Tu cerebro no entiende de ironías ni de excusas sociales. Se toma todo al pie de la letra mientras intenta acomodarlo entre la demás información ya almacenada. Si alguna situación se repite a menudo, llega a la conclusión de que es importante y empieza el proceso de convertirlo en una verdad incuestionable. A partir de este momento lo tienes asumido y se convierte en parte de quién eres.

Según la RAE, poder significa “tener expedita la facultad o potencia de hacer algo.”

“No puedo”, por lo tanto significa que no tienes la facultad o que eres impotente. No eres dueña de tu tiempo, tus opciones y tus actividades y lo que hagas lo deciden otros.

Para tu cerebro “No puedo, tengo que…” es un veneno. Es el primer paso hacia la indefensión aprendida, esta sensación subjetiva de no poder hacer nada y estar a la merced de las circunstancias externas.

¡Peligro! Repetir es creérselo

No pasa nada si utilizas esta frase en momentos puntuales para liberarte de una obligación que no te apetece. El problema surge cuando se ha convertido en un frase estándar para responder a cualquier propuesta nueva. De hecho, cualquier frase que genera como respuesta un “pobrecita” debería encender tus alarmas de auto-preservación.

¿Crees que exagero? Mira las traducciones y decídelo tu misma:

Excusa: No puedo ir a este evento, tengo que trabajar.
La verdad: El evento no me interesa por lo que prefiero invertir mi tiempo en algo que me genera más valor.

Excusa: No puedo encontrarte para comer, tengo que estudiar.
La verdad: Mis estudios son más importantes que un encuentro contigo.

Excusa: No puedo participar en la carrera, porque tengo que llevar los niños de excursión.
La verdad: No quiero entrenar para poder pasar este tiempo con mis hijos.

Cuando prescindes del “no puedo, tengo que” te obligas a reconocer tus prioridades – después será tu decisión cuánto de estas prioridades quieres compartir con los demás. Lo importante es que estés consciente de estas prioridades para que puedas escoger con convicción las oportunidades que se te presentan – y rechazar lo que no encaja.

No es que no puedas. Simplemente en este momento no encaja con tus prioridades.

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