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La ilusión de la perfección

“Si puedes empezar el día sin cafeína, Si puedes estar siempre alegre, sin darles importancia a tus dolores y dificultades, Si puedes resistirte a las quejas y si consigues no aburrir a la gente con tus problemas, Si puedes comer cualquier cosa y estar agradecida por ello, Si puedes aceptar que muchas veces tus seres queridos están demasiado ocupados como para estar por ti, Si puedes vivir con las críticas sin resentimiento, Si puedes ver a tus amigos irse de vacaciones sin sentir envidia, Si puedes con el mundo sin mentir, Si puedes relajarte sin cerveza, vino o licor, Si puedes dormir sin pastillas… Entonces probablemente eres un perro.” Jack Kornfield (parafraseado)

Esta lista del maestro budista Jack Kornfield es un recordatorio divertido de no tomarte la vida tan en serio y de aceptar que probablemente no vas a llegar a la perfección. La visión ideal de la persona equilibrada, tranquila y zen que tiene sus emociones bajo control en cada momento no es real ni tampoco deseable.

Perderías tu humanidad en el intento.

La perfección de tus emociones

Demostrar emociones en público está mal visto, en muchos lugares esto incluye las emociones positivas. Reírte a carcajadas atrae casi tantas miradas preocupadas como echarte a llorar en público o pegar un grito de rabia. ¡Contrólate! ¡No te hagas la ridícula! ¡Que pensarán las demás! Así aprendes de suprimir tus emociones, de gestionarlas, de esconderlas. Con el ceño fruncido intentas no demostrar nada, demostrándote despreocupada sin llegar a la felicidad auténtica de tu perro de compañía.

El problema es… ¡que no eres un perro! Tienes memoria, tienes un sentido de justicia, tienes aprecio por ti mismo, tienes planes y expectativas y eres capaz de sentir todo un abanico de emociones: rabia, ira, tristeza, preocupación, sorpresa, agobio, envidia, satisfacción, decepción, abatimiento. Saber lo que sientes es importante, porque te permite actuar.

Tus emociones son el mejor indicador para detectar cuando algo no va según tus expectativas – o cuando va exactamente como te lo imaginabas.

El baile con tus emociones

Tu perro tiene emociones muy inmediatas: está feliz cuando te ve, cuando le sirven la comida, cuando corre detrás de una pelota. Se pone triste cuando te vas. Su vida emocional Es bastante simple comparada con la tuya por lo que le es fácil expresarse siempre según se siente en cada momento.

Tu realidad es diferente: tus emociones son más complicadas, menos inmediatas y a veces hasta escondidos. Además, tu tienes la opción de utilizar tus emociones como herramientas y actuar en consecuencia.

Puedes analizar la situación – para entender qué ha creado la emoción y así poder gestionar situaciones parecidas en el futuro (creando más situaciones similares o resolviéndolas).
Puedes analizar tu reacción – para entenderte mejor a ti misma y crear estrategias que te permiten gestionar mejor las situaciones que te impactan.
Eso sí, no puedes dejar de sentir las emociones.

Bailar con las emociones a veces significa aceptar los atajos o hacer trampa para hacerte la vida más fácil. Un café combate el estrés matutino, una lista negra de restaurantes horribles te ahorra comidas decepcionantes, y el acceso a la agenda de tu pareja para anotar planes en pareja te permite asegurar el tiempo de calidad entre dos.

Algunos atajos son inocentes (una taza de café por la mañana), otros se pueden convertir en malos hábitos (la serie de la tele que te ayuda a relajar hasta que cada noche te desvelas hasta pasado las 3 de la mañana). El reto está en aceptar las emociones por lo que son, entender los atajos que te has creado para gestionarlas y decidir de forma consciente qué encaja contigo y qué quieres cambiar.

Una respuesta a La ilusión de la perfección

  1. En cuanto a las emociones, a mi me gusta mucho una frase que dice… no culpes a tus emociones, son sólo el mensajero. Un abrazo!

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