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Recuerdos, nostalgia y otras emociones: ¿Qué hago con los juguetes de mis hijos?

Una de las premisas del minimalismo es que te ocupes de tus propias cosas. No tires las pertenencias de los demás, no te metes con el armario de tu pareja. Esta regla tiene una excepción: la ropa y los juguetes de tus hijos – sobre todo cuando están en edad de que no pueden o no quieren tomar estas decisión.

La ropa es fácil: si está roto o ya no les cabe hay que sustituirla. No importa si es de marca, si fue un regalo de la tía Rosalía, si nunca se ha utilizado – si la talla no cuadra con el niño o la niña, la prenda ya no sirve. Si está en buen estado acabará en alguna tienda de segunda mano, con los primos o en alguna recogida de donaciones.

Los juguetes son más complicados. Comparte una lectora:

“Tengo dos hijas de 13 y 14 años y para llegar hasta aquí ya pasamos por muñecas, alberquitas, libros de colorear con sus respectivos colores, juguetes, libros, etc. Me da mucha nostalgia deshacerme de los juguetes favoritos que tanto disfrutamos juntas, pero verdaderamente ya no quieren jugar con ellos.
¿Qué se hace con los juguetes que se quedaron nuevos o con las cosas «útiles» que ya no necesitamos? Lo patines que mi hija uso una vez y descubrió que no le gusta patinar, la bola de boliche de mi marido que algún día volverá a jugar o el radio despertador que nos regalaron y no necesitamos.
Y así muchas cosas que me duele regalar porque nos costaron o por el sentimiento de despreciar algo útil.”

Esta es la pregunta clave que todo minimalista tiene que responder: ¿Qué hago con las cosas que ya no necesito?

Cada cosa tiene su lugar – y su momento

¿Por qué duele tanto dejar ir las cosas que no utilizas? No siempre es fácil definir la emoción que convierte cada despedida en un drama. Sin embargo, esta emoción es la clave para poder gestionar aquellas cosas que ya no necesitas.

Nostalgia: los recuerdos hecho objeto

Todos aquellos objetos que has utilizado con ilusión y muchas ganas acabarán generando cierto nostalgia. Deshacerse de estos objetos equivale a cerrar un capítulo. Al mismo tiempo te permite abrir una nueva etapa. Cada vez que te despides de trastos del pasado, tienes la oportunidad de empezar algo nuevo. La estantería que antes albergaba los colorines, ahora puede acomodar el nuevo hobby de tus hijos.

Le estás dando el espacio para crecer y encontrar su propio camino.

Decepción: los experimentos fallidos

Seamos sinceros: que tu hija no aprecie los patines que tanto te costaron conseguir, duele. Ahora además tienes que lidiar con los patines. Son nuevos, y no sirven. ¿Cómo puedes dar la vuelta a esta sensación de desperdicio?

Recuerda que la vida es un experimento. Le estás dando a tus hijos la oportunidad de probar cosas nuevas – sin exigir que les tenga que gustar. La capacidad de poder experimentar sin remordimientos se convertirá en una gran ventaja. Poder reconocer cuando no te gusta algo es casi tan importante como detectar aquello que te hace ilusión.

Sueños del futuro: los por-si-acasos

Es posible que dentro de cuatro años tu hija vuelva a pensar en sus patines. Algún día tu marido querrá jugar con la bola de boliche. O quizás no. Mientras tanto, el objeto se va deteriorando en tu altillo o garaje. Nadie más puede disfrutar de él hasta que ya será tarde.

¿Quién podría aprovecharse de estos objetos desclasificados, de los experimentos fallidos, de los por si acasos? ¿Quién puede convertirlos en juguetes, herramientas y aventuras?

La respuesta está en tu entorno, en tu comunidad. Seguramente que hay alguna prima, algún vecino que quiera utilizar lo que ya no necesitas. Y si no lo consigues vender, recuerda: los patines no pagan alquiler en tu casa, así que guardándolas tampoco les sacas rendimiento – es más: ocupan espacio valioso. Realmente quieres convertir tu casa en un almacén de cosas in desuso?

Tienes permiso de cambiar – y tus hijos también

Has cambiado. Ya no eres la misma que hace cinco o diez año. Has aprendido cosas, has conocido personas, has visitado lugares – hoy ves el mundo desde otra perspectiva. Y dentro de cinco o diez años mirarás hacia atrás contemplando el trayecto que habrás recurrido desde el día de hoy. Ojalá que este trayecto haya sido ligero – sin el equipaje pesado lleno de trastos del pasado.

2 respuestas a Recuerdos, nostalgia y otras emociones

  1. La verdad que da mucha pena deshacerse de los juguetes cuando están bien conservados, pero la realidad es que luego ni siquiera los van a aprovechar nuestros hijos.
    En mi caso tenía guardada unas muñecas que estaban bien conservadas (entre ellas la típica barbie que era mi favorita), pero cuando nació mi hija no les hizo ni caso. Ahora las muñecas tienen otros diseños y las niñas tienen otras preferencia, asi parece que a mi hija le parecían feos los juguetes que conservaba.

    Un saludito

    Rosario

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