Tu eres responsable de cada compra
Written by valedeoro // 16/02/2011 // sostenibilidad // 6 Comments
Me gusta hacer compras con criterio. Me gusta saber de dónde viene el producto que acabo de comprar, qué efecto ha tenido sobre el medio ambiente, y también sobre las personas que lo producen. Por eso mi preferencia por el comercio justo, mi meta de sólo consumir comida ecológica, y mi insistencia en la producción sostenible, pero hay otra razón por la cuál me importan estos detalles: cada compra es un voto.
Con cada compra que realizas estás diciendo “yo apruebo este producto, sus ingredientes, y su forma de ser producido”. De la misma forma que puedes fomentar el comercio justo al comprar el café, o la inspiración de una diseñadora al comprar directamente en su taller, de la misma forma apruebas la producción, procedencia, y deshecho de los productos que no se han hecho bajo estos criterios.
- Si compras maíz transgénico, entonces apruebas las políticas de modificación genética de multinacionales como Monsanto.
- Si compras botellas de agua de un solo uso, entonces apruebas las islas de plástico en el océano.
- Si compras ropa que es más barata que la tela que la compone, entonces apruebas el trabajo de las costureras explotadas.
- Si compras carne convencional, entonces apruebas del uso de antibióticas y hormonas en la ganadería.
Decir que tu personalmente no puedes hacer una diferencia no vale. Es cierto que tú solo no harás la diferencia, pero tu,yo,la vecina y el colega del trabajo… juntos sí que marcaremos una diferencia votando con cada euro por lo que nos importa: un mundo más justo y sostenible.
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Foto: Arkangel / flickr
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6 Comments on "Tu eres responsable de cada compra"
Hola Valentina,
Me encanta el tema que has sacado y creo que ambos apoyamos el mismo ideal: necesitamos una gestión más eficaz y aprovechadora de recursos.
Sin embargo me gustaría debatir un pelín en el tema (al fin y al cabo creo que ese es también el objetivo de los blogs) a ver si llegamos a una posición un poco más clara entre ambos o más gente que se sume.
Teniendo un objetivo igual, en este post avogas por concienciar a los clientes. No obstante yo creo que a las que hay que enfocar es a las empresas o a las leyes. En otras palabras: los cambios que realmente triunfarán serán aquellos en los que los usuarios escogiendo el que les conviene (por barato, por práctico, por lo que sea) escogen también la solución más ecológica.
Sino creo que el cliente no puede asumir tanta carga de conciencia. No puedo comprar plátanos que me gustan porque llevan tal pesticida y los yogures porque traen 4 plásticos y los filetes esos porque vienen de Corea y los producen en el pueblo de al lado (gasto de energía en el transporte).
En definitiva mi postura está clara, el objetivo, o al menos si queremos triunfar, es enfocar a los que venden y a los que regulan lo que se vende.
¿Qué opinas, a quién hay que apuntar?
Un saludo!
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valedeoro Reply:
February 16th, 2011 at 10:47
Raramente se ha llegado a un cambio sin que la ciudadanía o los consumidores lo han exigido. Nestlé ha cambiado su política frente al aceite de palma gracias a las protestas de los consumidores (liderado por greenpeace en la campaña “Give the Orang-Utans a break”). Estoy de acuerdo que necesitamos leyes más justas y empresas más sostenibles, pero estos cambios solo se darán si el consumidor y el ciudadano aceptan sus responsabilidades y actúan de acuerdo. Porque mientras nadie se queja, siempre las empresas dirán “es que el mercado nos lo exige”. Y los legisladores dirán “es que si no subvencionamos el carbón perdemos muchos puestos de trabajo” (olvidando por el momento que la energía alternativa también genera puestos de trabajo).
Estoy de acuerdo contigo que una persona sola no puede cambiar mucha cosa. Pero que pasaría si tú empiezas a dejar todas las embalajes en el supermercado. Y tu vecino también. Y después todo el barrio. Ya verás lo rápido que el supermercado re-evalúa su política de embalajes (eso lo he visto funcionar en una ciudad en Alemania). Lamentablemente señalar a las empresas y al gobierno es siempre lo más fácil. No digo que sea mal señalarlos, pero necesitamos un segundo paso. El paso a la acción.
Ahora, esta acción puede tener muchas formas. Se puede realizar a la hora de la compra (que quizás es lo más fácil), pero también puede ser el hecho de afiliarse a alguna asociación (partido, ONG, …) para trabajar directamente en el cambio, o de señalar lo que va mal, pero de forma pública.
PS: Te recomiendo bananas ecológicas y yogur en embalaje de vidrio
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(Estoy viviendo en Stuttgart por este año) E iniciativas como la “Pfand” simplemente… ¡me parecen obligadas en cualquier país!
Pero mi idea es replantear lo que propones desde el lado de la empresa. Me explico: toda persona es a la vez cliente y empleado (o empresario).
Cuando es cliente tiene poder de decisión sobre sus productos pero, algunos directamente no tienen capacidad de decisión: necesitan el barato porque no se pueden permitir otro.
Sin embargo como empleados gestionan muchísimo más volumen. Una cajera puede reducir el número de bolsas, un asesor puede usar los papeles por los dos lados para hacer bocetos y un empresario directamente puede pedir masas ingentes de uno u otro producto.
Por eso mi pregunta iba encaminada más bien a, por qué no apuntar a la parte “empleado” / “trabajador” / “empresario”. Es la misma persona pero con mucho mayor efecto. Por muchas razones no te dejarán decidir algunas cosas, en otras, eres un agente con muchísima más influencia que en tu vida privada.
Gracias por tu respuesta y estoy 100% contigo hay que pasar de “simpatizante” a “inidividuo agente”.
Un saludo!
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Hola Vale,
Muy interesante tu apreciación, aquí en México cada vez más estamos entrando al mundo del análisis de los productos su origen y fabricación.
Sé que todavía falta mucho por hacer, pero como dices uno va haciendo poco a poco el cambio y en este caso, las cosas van saliendo paulatinamente.
Muy interesante tu artículo, espero que en mi país pronto vayamos haciendo más en pro de la ecología, muchas cosas son de un consumo único y muchos empaques.
Saludos,
Omar Carreño
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A veces lo de ser consciente en nuestras compras es dífícil llevarlo a la práctica, no tanto porque no queramos hacerlo, sino por la realidad que nos toca vivir.
Ya sé que la mayoría de los que se asoman por este blog viven en grandes ciudades, donde la posibilidad de elección es mayor, pero en mi caso vivo en un pueblo pequeño, trabajo en una ciudad muy pequeña, y para colmo, de una isla pequeña; es decir, problema multiplicado por diez mil.
Cada cosa que compro, viene de lejos, porque incluso los productos básicos los traen de otro lugar, las posibilidades de comprar comercio justo se resumen a una pequeña tienda (gracias, María Jesús por tu vocación solidaria) y a internet (con todo tipo de trabas burocráticas e impuestos añadidos por vivir en Canarias, o tiendas que simplemente te dicen eso de “servimos a toda España, excepto Canarias”, como si no fuéramos también del mismo país).
Todo ello no me exime de la responsabilidad de buscar compras más éticas, pero lo complica mucho.
Quiero decir con esto que, comprar comida biológica cuando a cada tres pasos tienes muchas tiendas que ofrecen esos productos es fácil; hacerlo cuando no tienes más que dos o tres ofertas, no tanto, y además pago tres veces más caro el mismo producto que si viviera en Barcelona.
Así que, como han dicho por aquí, las cargas morales que soportamos los compradores comprometidos, deben repartirse también con los politicos que consienten las desigualdades, el comercio injusto y la explotación de las multinacionales, no sólo hacia los productores de los países del Tercer Mundo, sino también hacia nosotros, los consumidores finales.
Sólo la concienciación de todos los implicados podrá cambiar las cosas.
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Merece la pena ir realizando el cambio de hábitos de consumo, sin volverse loco pero merece la pena. Aunque es verdad que alguno alimentos ecológicos se salen de madre de precio, al menos para mi bolsillo.
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