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La oruga y la hormiga 
(o por qué vale la pena compartir tus ideas)

oruga y hormiga

Erase una vez una oruga, de color amarillo y negro y con algunos pelitos en la espalda (cosa que no le gustaba demasiado). Avanzaba a paso de oruga, avanzando poco a poco la parte trasera del cuerpo hasta formar un arco. Una vez arqueada utilizó el impulso de su cuerpo para moverse hacia delante y volver a empezar. En este momento de movimiento la oruga se sentía como la dueña del mundo. Era un paso gigantesco y se sentía orgullosa de sus avances en solitario.

De vez en cuándo la oruga se cruzaba con un grupo de hormigas. Que gente más inestable, movediza y estresante. Moviéndose de aquí para allá, siempre a todo vapor, arrastrando a mitad de su familia (o eran amigos?) por toda la planta. Seguro que la miraban mal por ser tan gordita, peluda y lenta. En estos momentos la oruga ya no se sentía tan dueña del universo.

Lento y cuidadoso, rápido y creativo

Hasta que en el aniversario de una abeja amiga la oruga acabó en la misma mesa que un par de hormigas. Gracias a los chupitos de miel, pronto el ambiente se relajó. La oruga alucinaba: las hormigas estaban experimentando diferentes caminos, por eso iban a tantos lugares distintos. Las hormigas estaban igual de impresionadas: la oruga era una biblioteca de conocimiento del terreno que había recorrido. Observando y experimentando sabía cuando las hojas del árbol eran más nutritivas, por dónde había que ir para evitar los pájaros y mucho más. Esos detalles a las hormigas se les habían escapado.

Comparte y crece

La oruga y las hormigas decidieron colaborar y compartir sus conocimientos. Las hormigas le podían informar a la oruga acerca del terreno por delante. La oruga podía aportar la evaluación de este terreno basado en las descripciones. Así ambas partes podían concentrar sus energías en las partes más nutritivas para cada uno. La oruga aprendió a respetar la táctica de los múltiples proyectos de las hormigas y ellas conocieron las ventajas de ir a paso de oruga. Al compartir sus experiencias, todos ganaron algo.

Hay muchas formas de caminar, muchas formas de avanzar. Hay personas que prefieren trabajar con 7 proyectos al mismo tiempo, hay otros que prefieren avanzar una sola idea a su propio ritmo. Cada uno escoge el método que mejor se ajusta a su realidad. No importa tu forma preferida de trabajar: lo importante es seguir avanzando. Si puedes aprender de los errores y triunfos de otros, aún mejor. Compartir tus ideas y contrastarlas con las demás es una forma de avanzar. Porque eso lo tienen en común la oruga y la hormiga: no se quedan parados.

¿Quieres aprender con y de otras hormigas y orugas?

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Imagen: asturiascontraluz

Una respuesta a La oruga y la hormiga 
(o por qué vale la pena compartir tus ideas)

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