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Esto no es mi problema

Pasando unos días en casa de mis padres, veo lo mucho que tengo en común con mi madre. Y también intento constantemente mantener la armonía entre los que me rodean. Intento organizar todo de manera que nadie tenga que renunciar a nada. Resuelvo problemas potenciales antes de que se puedan presentar. Prometo ayudar siempre que haga falta, aunque nadie lo haya pedido y aunque signifique que yo tenga que correr todo el día.

Mentira, no fui yo quién lo reconoció. Fue mi padre. Y me recordó que resolver problemas antes de que se presenten tiene dos grandes desventajas:

  1. Muchos problemas se resuelven solos / ni se presentan, o no son considerados problemas por los demás.
  2. Nadie te puede agradecer la resolución “antes del tiempo”, porque es imposible de reconocer – y muchas veces se interpreta como crítica.

Básicamente estoy generando un nivel de estrés altísimo para mi sin que esto se traduzca en un mayor bienestar para los que me rodean. Además, yo acabo cansada y de mal humor, porque nadie reconoce todo lo que hago por ellos (ni lo pueden reconocer).

Esta situación, ¿realmente representa un problema? ¿Para quién?

Muchas problemas que intento resolver antes del tiempo, son imaginarios – o los demás no entienden porque vaya a hacer un sacrificio por ello. Por ejemplo, agonizaba mucho por la hora exacta en la que iba a llegar a casa de un viaje para poder dar de cenar a los peques. Es absurdo: si durante tres días su padres los acuesta, también lo puede hacer el cuarto día.

No le sirve a nadie que yo vuelva antes, agobiada. Además estoy de mal humor porque nadie reconoce los esfuerzos que hice para venir antes.

La verdad es que no quiero perder el control. Para mi las rutinas son importantes y los quiero asegurar para mis hijos. En el fondo quizás no me fío de que su padre pueda con todo. Es absurdo, claro que puede. Él tiene otro estilo de educación, pero esto hace parte de la riqueza que podemos pasar a nuestros hijos, una experiencia que es mucho más enriquecedor que una madre agobiada.

Esta situación, ¿realmente la tienes que resolver tú?

Mi pareja tiene una cena a las 9 de la tarde y a las 8 aún está en casa. Mientras él empieza a prepararse, yo me pongo nerviosa. Busco las llaves del coche, saco ya la chaqueta y hago lo que pueda para facilitar su salida. ¿El resultado? Él se siente presionado (“ya veo que prefieres que no esté en casa”) y además se acostumbra a no tener que recordar nada.

No es mi responsabilidad que él salga de casa a tiempo. No es mi problema si sus amigos se enfadan. Es un problema que, si realmente existe, no es mío.

A veces es difícil aceptarlo: no puedo resolver la vida de todo el mundo, ni tampoco es mi papel en este mundo. Puedo facilitar, puedo recordar, pero siempre desde la comunicación, y explicando por qué estoy haciéndolo: “Me preocupa que tus amigos tengan que esperar, ¿te ayudo con algo?” es mucho más directo que las indirectas (que nunca funcionan) del tipo “¿Tienes las llaves?” y sólo invitan a interpretaciones equivocadas.

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