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Hablemos de la muerte

Este verano visité el lugar dónde algún día enterraremos mis padres. Es un bosque precioso dónde las cenizas se depositan en urnas de madera entre las raíces de los árboles. No hay cruces, ni placas, sólo una tranquilidad serena que permite a los familiares vivir el duelo a su manera y sin juzgarlos. Agradezco a mis padres que hayan escogido este lugar, y también que ya lo hayan compartido con nosotros, sus hijos.

¿Cómo quieres que sea tu entierro? ¿Quién lo sabe?

Mis padres no viven en el pueblo en el que nacieron. Ni siquiera es el lugar en el que nacieron sus hijos. No hay tumba familiar ni tradiciones obvias. Sin la previsión de los padres es posible que a la hora de su muerte nos quedaríamos con un montón de incógnitas: ¿Entierro o incineración? ¿En qué cementerio? ¿Qué tipo de ceremonia? ¿A quién invitar?

Mi madre tuvo que tomar todas estas decisiones con sus padres, en un momento cuándo hubiera preferido no tener que organizar nada. Así que decidió ahorrarnos a nosotros el disgusto: ha decidido el lugar, la ceremonia, la lista aproximada de invitados, y mi padre está creando una lista de spotify para la recepción posterior. Si los hijos tenemos otras necesidades, lo podemos cambiar – lo importante es que haya algún ejemplo con el que podamos contar.

¿Cómo quieres que sea tu muerte? ¿Quién lo sabe?

Vas a morir, por mucho que intentes apartar la idea de tu vida cotidiana. No sé si tendrás hijos o no, si te casarás una, dos, tres o ninguna vez, si cambiarás de país o te quedas dónde estás, si viajarás mucho o poco, si tendrás buena relación con lo que llamas familia o no. Lo que sí sé es que vas a morir. Ojalá que sea mientras duermes, después de una vida larga y prospera. Ojalá que sea un instante breve, sin dolor ni sufrimiento.

¿Y si no es así?

¿Qué pasa si tu lucidez se va despidiendo poco a poco? ¿Quién quieres que tenga la tutela para decidir por tu bien?

¿Qué pasa si la medicina moderna es capaz de mantenerte viva, sin poder devolverte tu capacidad de vivir? ¿Existe un punto en el que quieras que se apaguen las máquinas?

¿Quién decide cuándo, por la razón que sea, tú ya no puedes decidir?

Querer vivir para siempre, evitar la conversación sobre lo que puede pasar, e ignorar tu propia mortalidad no cambia la realidad: ¡Vas a morir!

Te deseo que sea bajo tus propios términos.

PS: Para asegurar que se cumplan tus deseos, ante de todo habla con tus seres queridos y asegúrate de que ellos conozcan lo que tu quieres. Si además quieres un poco más de seguridad jurídica, invierte el tiempo en crear un testamento y la declaración de voluntad vital anticipada. Busca en google o pregunta en tu centro de salud para saber cómo se hace en tu país.

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