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Lo nuevo no es malo… mientras dure

El mes de no comprar nada nuevo ha llegado a su fin. Quizás ya ni te acuerdas de lo que era ir de tiendas. O quizás estás ansiosa por comprarte aquel objeto de tu lista de los 30 días. El reto se acaba, y ojalá haya sido tan soló el comienzo de una reflexión personal sobre tus patrones de consumo.

Experimentando con opciones alternativas

Si te has dado cuenta de lo mucho que ya tienes, el reto ya valió la pena. ¿Cuántos vaqueros utilizas realmente? ¿Qué te pones cuando no tienes nada nuevo para ponerte? ¿Qué tesoros has encontrado al explorar los mercadillos de la ciudad? ¿Cuánto tardaste en encontrar un lugar para que te afilen los cuchillos? Experimentar con lo que hay es una de las mejores formas de buscar soluciones y encontrar alternativas que antes nisiquiera recordabas. Ahora sabes dónde está la costurera y el señor que afila cuchillos. Has comprobado que se pueden batir huevos con el batidor y has experimentado con tu ropa para encontrar nuevas formas de vestir.

La belleza está en la calidad

Conocer las alternativas no necesariamente significa que sean la solución perfecta. Aunque podrías sustituir la licuadora por la fuerza de tus brazos, eso no significa que debas hacerlo. Si la utilizas muy a menudo, vale la pena comprarla. Con una condición: que sea de calidad para que te dure muchos años.

Lo que en la cocina suena lógico, en la ropa ya cuesta más. ¿Utilizar el mismo abrigo durante tres inviernos consecutivos es posible? Sí, se puede. Más que nada depende de la calidad del abrigo, y de que el modelo sea neutro. Mientras tu abrigo no sea de color rojo chillón con puntitos amarillos, casi nadie recordará que es el mismo abrigo que te pusiste el año pasado. La triste realidad es que no eres tan importante como para que todos tengamos un inventario de tu armario.

Sí a las compras… con conciencia

Para que dure, la calidad es la clave. Calidad de los componentes, calidad de la fabricación y calidad a nivel estético. De esta forma tú serás menos propenso a cansarte, mientras el objeto en cuestión tiene las características necesarias para sobrevivir al uso intenso que (ojalá) le harás. La diferencia de precios te compensará a largo plazo. Una batidora de buena calidad te durará más años que el modelo low cost. El vestido de la diseñadora del barrio sobrevivirá más tiempo que el de la multinacional (aunque sea porque puedes volver y pedir que te lo remiende). Y la economía local agradece que inviertas tu dinero aquí dónde vives para apoyar a los que te rodean.

El mes de no comprar nada nuevo es tan solo un mes. Lo aprendido te servirá durante mucho más tiempo. De ahora en adelante la primera pregunta será: ¿Realmente lo necesito? Y en caso de que sí: ¿Cómo puedo asegurarme de que me dure lo máximo posible?

¿Qué has aprendido tú durante este mes?

Para más inspiración: ¡Descharga tu Manifiesto Alternativo aquí!


Imágen: Worn Fashion Journal / flickr

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