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Si sufres el minimalismo, lo estás haciendo mal

La iniciación al minimalismo conlleva muchas despedidas. Revisando altillos, garajes, armarios, empiezas a deshacerte de aquello que no usas, aquello que has estado guardando tanto tiempo harta el punto de olvidar que lo tenías. El dolor es transitorio, y las cosas regaladas / vendidas / tiradas vuelven a caer en el olvido.

La cosa se complica cuándo pasas a revisar las cosas que sí usas bajo el matiz de la necesidad esencial. Si algo no te hace falta de verdad, ¿lo deberías sacar de tu vida? – Una lectora lo pregunta así:

“Soy una chica joven y considero que todo lo que tengo lo necesito, salvo por una excepción: el maquillaje. Me apasiona el maquillaje, aunque sepa que no es algo necesario, y por mucho que tenga, siempre voy a necesitar y desear más.”

Cómo entra la necesidad real y la necesidad ficticia en la filosofía del minimalismo?

¿Qué es una necesidad? ¿Para ti?

La respuesta puritana sería que, efectivamente, el maquillaje es cosa de vanidad y del todo innecesario. La lectora está siendo víctima de una imagen propagada por una industria que gana miles de millones a costa de las inseguridades de las mujeres. Desde luego debería liberarse del patriarcado, tirar su maquillaje y usar su tiempo para algo más sensato.

Suena bonito, y políticamente correcto – especialmente sí tu eres una persona que no usa maquillaje y por lo tanto lo puede juzgar con facilidad. Pero ojo, en el fondo no se trata de que si el maquillaje es bueno o malo. La pregunta real es la siguiente: ¿quién juzga lo que es necesario, y para quién?

El minimalismo no habla de necesidad, habla de uso y disfrute

Si volvemos a la definición del minimalismo, verás que no hace referencia a la necesidad. De hecho, no entiende de necesidad “real” o “objetiva”. No se trata de sobrevivir, se trata te vivir! Si algo añade valor a tu vida, quédatelo, aunque tu tía, tu vecina, o tu jefe te dicen que es un capricho.

Tú eres la única persona que puede decidir qué valoras y qué no te importa.

Si tu te maquillas a diario y lo disfrutas, ¿quién soy yo para decirte que dejes de hacerlo? No es cuestión de necesidad, es cuestión de sentirte bien contigo misma.

Mientras tanto, en mi sala tengo una pared llena de fotos de familia y amigos. Tenerlos a la vista no es una necesidad. Simplemente añade personalidad a nuestra casa y nos gusta recordar estas personas.

¿Y todos los condimentos en tu cocina que usas en tus experimentos culinarios los fines de semana? Tampoco son una necesidad. Pero desde luego que añaden chispa a tus cenas del sábado.

El minimalismo no es para sufrirlo, sino para disfrutarlo

El minimalismo no es una filosofía de sufrimiento. Es una herramienta para conocerte a ti misma y crecer. Así que, querida lectora, si te gusta maquillarte, hazlo sin remordimientos. Aprenderás a distinguir cualidades y matices en los productos que usas. Y quién sabe, al convertirte en experta, aprendes a dejar atrás los precios baratos y promesas falsas y optas por calidad, apoyando a proyectos y marcas que valen la pena.

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